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Jesús ha vencido, ha resucitado, y su triunfo nos abre de par en par el camino de la esperanza. Al unirnos a la alegría, al aleluya, también nosotros queremos ser testigos de su paso entre nosotros, de su paso siempre bondadoso y embellecedor. Y ¿qué debemos testificar? Pues lo que la misma Pascua pro­clama y canta: que la luz vence a la sombra, y la paz a la guerra, que el amor vence al odio… porque Jesús ha resucitado.